ILEANA ÁLVAREZ GONZÁLEZ -Cuba
CIUDAD IMPOSIBLE
Un copo de nieve oscura está cayendo sobre mi corazón, la costra de una memoria que no me pertenece. El arrebol de la tarde gotea sobre el corazón estrujado y lo despierta. Cruzo las piernas sobre un diván invisible, sobre la roca de mi desasosiego y tengo el presentimiento que esta tarde no es la tarde real, sino el tiempo que confluye sobre el cuenco de mi mano húmeda. Pudiera ser este instante mi muerte. Cierro los ojos, los aprieto hasta sangrar, hasta contemplar la ciudad imposible: las calles, los campanarios, la vetusta penumbra de mis sueños. Un hombre se me acerca. Soy una adolescente con su sayita corta, los ojos saltones y demasiados huesos que ocultar. El hombre que es mi padre, lleva un sombrero de paño, traje de dril blanco y zapatos de dos tonos. Lleva una herida gigante en el cuello. Me pide que le detenga la sangre que comienza a rodar enturbiando la nieve de su traje, pero no alcanzan mis manos, los huesos que se empinan inútilmente. Yo me aprieto en un sollozo contra él y él se aprieta a mí como el guijarro al muro. Soy ahora su padre, gota a gota le doy de mi sudor. Me dice perdona hija, te pido demasiado y baja la cabeza: ya es un sauce bajo el cierzo, una oveja perdida que de pronto en el silencio del crepúsculo se percata de que nunca se ha perdido, que el regreso no existe, no hay camino hacia atrás. La imagen última se va armando ante nuestros ojos y nos conmovemos. Los dos muy juntos en aquella tarde irreal, ya sin sangre, nos sentamos bajo la sombra que tiende el campanario de la ciudad imposible y es bueno quedarse dormidos mientras tarareamos la canción del Benny, "oh, vida no te alejes"...
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Por lobogabriel - 2 de Enero, 2010, 15:29, Categoría: lecturas
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